Antonieta Palacios

Contreras Velozo

 

No resulta extraño ver cómo, en los últimos años, la participación en asesorías legales y representaciones judiciales Pro bono se ha vuelto parte fundamental del ejercicio profesional en diversos estudios jurídicos y empresas.

En efecto, paulatinamente se ha ido instaurando y radicando este tipo de trabajo, al punto de institucionalizarlo a través de fundaciones o entidades que acogen los requerimientos de múltiples personas, para luego contactarlos con los abogados que finalmente deciden prestar la asesoría o la representación de manera gratuita.

Un ejemplo de esto es el trabajo efectuado por Fundación Pro Bono, la cual durante 2018 derivó 925 causas y efectuó 50 charlas, defendiendo e informando a personas naturales y organizaciones, que por diversas razones necesitaron de asesoría legal gratuita.

Este considerable avance, -que no obsta en modo alguno la desinteresada labor que continúan realizando muchos abogados sin la intervención de terceras instituciones-, deja en evidencia una constante y profunda inquietud de parte de nuestro gremio por garantizar un acceso equitativo e igualitario a la justicia, así como también, por permitir que numerosas organizaciones y fundaciones puedan operar, al facilitarles las gestiones para su correspondiente  constitución legal y consecuente funcionamiento.

Así, podemos señalar con orgullo, que existe entre gran parte de los que optamos por el ejercicio de la abogacía, un fuerte y arraigado sentido social, que nos lleva a retribuir de manera concreta a nuestra sociedad, aportando, aunque sea mínimamente, en la generación de una cultura legal inclusiva e igualitaria. Ahora bien, debemos ser cuidadosos de no teñir esta noble causa, ya que es fácil caer en alardes personales e institucionales, que pueden llevar incluso a utilizar esta labor como un “slogan de venta y promoción”. Por lo mismo, debemos ser conscientes de este riesgo y ocuparnos de no perder el foco, centrándonos siempre en lo fundamental, esto es, otorgar un servicio desinteresado y de calidad a quienes más lo necesitan.

De este modo, el llamado es a reconocer la importancia de esta labor, por cuanto deja de manifiesto la nobleza de la profesión, desvirtuando así, la tan cuestionada reputación que muchas veces se nos atribuye como gremio; y por otro lado, el llamado es a no olvidar la esencia del trabajo Pro bono, que por lo demás, emana de la definición misma de esta expresión latina, esto es, “trabajar para el bien público”.